domingo, 16 de enero de 2011

Sine Die

Era un hombre joven de los que destruye pasados y sombras. Con un atardecer color naranja muy dentro de él y con un ferrocarril en los pulmones. De niño quería ser astronauta. Todas las mañanas antes del desayuno una taza de café y un cigarrillo, no importa la marca.

Todas las noches le leía un cuento de Chejov, o le hablaba de muchos países, se inventaba historias sobre hoteles de Tokio y luego para compensarla le abrazaba toda la noche y le hablaba sobre el universo, él también se inventaba algunas historias, aunque sabia que las historias tristes que le contaba eran completamente suyas.

En una ventana descansa el humo y la soledad de un cigarrillo encendido. Junto a la puerta, un escritorio que soporta todos los libros de Chejov y una canción de Nina Hagen.