Era un hombre joven de los que destruye pasados y sombras. Con un atardecer color naranja muy dentro de él y con un ferrocarril en los pulmones. De niño quería ser astronauta. Todas las mañanas antes del desayuno una taza de café y un cigarrillo, no importa la marca.
Todas las noches le leía un cuento de Chejov, o le hablaba de muchos países, se inventaba historias sobre hoteles de Tokio y luego para compensarla le abrazaba toda la noche y le hablaba sobre el universo, él también se inventaba algunas historias, aunque sabia que las historias tristes que le contaba eran completamente suyas.
En una ventana descansa el humo y la soledad de un cigarrillo encendido. Junto a la puerta, un escritorio que soporta todos los libros de Chejov y una canción de Nina Hagen.
Gran compañero de viajes, si señor...
ResponderSuprimirBesicos
(siempre quise un ferrocarril en los pulmones, pero tuve que conformarme con un globo aerostático)
ResponderSuprimirsonrisa
El ferrocarril descarrilará algún día, y tendrá que dejar de fumar, ya verás. Salu2
ResponderSuprimir