jueves, 29 de diciembre de 2011

Soñé con una película a blanco y negro. donde los silencios se transformaban en lineas perpendiculares a ciudades frías, donde los inviernos no terminan nunca. tenias una maleta roja en el sueño, con toda la colección de Saramago.
Dentro de un aguacero huíamos de nosotros mismos, perseguidos por esas lineas-silencios que nos aprisionaban en cada rincón de esa película donde el único color era el de la maleta que llevabas contigo.
Avanzamos por caminos estrechos, sin pronunciar una sola palabra.
Una combinacion de numeros que decoraban las paredes del lugar donde quedamos atrapados. Nos sentamos, resignados a permanecer mudos en aquel cuarto ajeno a todas las historias .

Hizo en café muy de madrugada, mermelada de fresa sobre las galletas y una nota para él. Ayer precisamente estaban hablando de Argentina y de Inglaterra, de los museos de Francia.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Un telescopio y una de Woody Allen

Arroja la falda sobre su rostro; toma su sexo y se lo lleva a la boca.
Rusia incendia la imaginación o la imaginación incendia Rusia.
La lengua baila tango sobre su miembro,
las manos juegan en su pecho buscando el silencio de una ciudad ausente.
Todo hierve dentro de sus cuerpos.
los pensamientos hechos cenizas decoran la piel que toma por traje el invierno.

Ambos en fuga, dejando dinamita en cada ciudad.
huyendo en las cicatrices del otro.

La penetra con fuerza. Al fondo el actor asesina y corta en pedazos a la victima, y ambos terminan con un tsunami entre las piernas, de esos que nunca se olvidan.

sábado, 30 de abril de 2011

La locura; esta al borde de su mirada, se sienta en sus parpados y se tambalea un poco.

Son dos extraños. Desconocidos de ellos mismos. Él se inventa historias para entretenerla, para que ella se quede silencio, observándole, o mirando el techo, con los ojos brillantes, llenos de miedo y de locura. Con la sensación de que todo acabará. Hay un agujero en el tiempo cuando están juntos, cuando se besan, cuando ella recorre su espalda buscando un país de colores neutros. Lo arriesgaría todo por verlos follar.
Yo aquí, sentado en un sofá rojo, me muero por volver a sentir esa realidad. Esa intensidad de cuando se acerca el uno al otro. Ya es tarde; “hay un vacio cerca de aquí pero no se donde”, escribió alguna vez Bolaño. Ya siento ese vacio cerca, esa confusión de no saber que hacer cuando acaba el cigarrillo o cuando la botella solo contiene las penas de quien se la ha bebido.

Haría uno, dos, infinitos viajes sobre su cuerpo, si pudiera. Le besaría el cuello y le susurraría un país donde podríamos ir cuando escapemos.

viernes, 4 de febrero de 2011

Sencillamente no habrá mas maletas que aquellas que le esperan en el umbral. Detrás de ella, toda una obra de Kandinsky, la inmensidad le arrebata los gestos y las historias que una vez le sacaron carcajadas al final de una carretera. Esta vez deja un atardecer y una botella a medio terminar. Deja también el mapa de Varsovia, un cuento incompleto y el cuerpo desnudo que le acompaño durante todos estos viajes.
El horizonte esta allí, en frente suyo; un joven le tiende el cigarrillo que ha pagado con anticipación. Le espera ahora una copa de vino a solas. Una canción que no repare los recuerdos.
Inventará una historia de vaqueros y dibujará un gato con ideas estelares, un gato que sueñe con México y hurgue bajo los vestidos de las chicas fáciles.

domingo, 16 de enero de 2011

Sine Die

Era un hombre joven de los que destruye pasados y sombras. Con un atardecer color naranja muy dentro de él y con un ferrocarril en los pulmones. De niño quería ser astronauta. Todas las mañanas antes del desayuno una taza de café y un cigarrillo, no importa la marca.

Todas las noches le leía un cuento de Chejov, o le hablaba de muchos países, se inventaba historias sobre hoteles de Tokio y luego para compensarla le abrazaba toda la noche y le hablaba sobre el universo, él también se inventaba algunas historias, aunque sabia que las historias tristes que le contaba eran completamente suyas.

En una ventana descansa el humo y la soledad de un cigarrillo encendido. Junto a la puerta, un escritorio que soporta todos los libros de Chejov y una canción de Nina Hagen.