sábado, 16 de octubre de 2010

Se quedaría escuchando esa historia todo el tiempo del mundo, pero ella en cualquier momento olvidará lo que estaba haciendo allí y quien es él. Se olvidará de la sonrisa y los números favoritos de la niña con xeroderma pigmentoso.
Mira al fondo del jardín y de pronto la niña dice que los jardines no tienen fondo, como si escuchara sus pensamientos, como si hablara con ese narrador interno que observa a lo lejos y sueña con tener una polaroid que le recuerde lo solitaria que suelen ser las fotografías.
Aquí todo es diferente. Todo es blanco y esta prohibido fumar. ¡Cuanto diera ahora por una calada de cigarrillo!
Ella mueve las manos como en un juego que sabe de antemano perderá. La niña le detalla muy bien los movimientos y acierta, cree que las manos guardan los secretos de las personas.

Cuando salga de allí, comprara un café muy oscuro y un cigarro, se irá lentamente a casa como si nunca quisiera llegar, luego todo parece tan real como ha sido hasta ahora.