miércoles, 23 de junio de 2010

“Ahí sos nada”



O puta o chef, pero no ambas. Música mientras fuma, un violín que no le agrada y una vez que sale de la radio ya no hay quien le detenga, ni el humo, ni la mirada, ni el silencio mas grande que brota de sus ojos. Me quedo como puta. O como chef; aunque las dos se deslizan en un invierno maravilloso y en ciudades remotas no se muy bien de que van. Si de cuchillos o de camas con tendidos arrugados. Noches acumuladas en un rincón. Alfileres, también podría ser costurera, una costurera puta que sabe cocinar. No suena bien. Tendría demasiadas armas para destrozar a mis amantes. Puta, sí, así es. Me quedo con esa, no quiero platos rotos ni telas deshechas, quiero camas casuales y cuerpos sin norte y sin sur. Puta.

viernes, 18 de junio de 2010

luego todo quedó en silencio


Va de afán porque esta enojada, porque hoy mas que nunca odia el silencio, ese silencio que le abre huecos en la piel y en la mirada. Otra copa mas, un paso hacia ninguna parte. Desde un puerto donde dejas ir las mejores canciones y los peores tiempos, los desiertos que capturan la soledad con millares de oasis. Es el mundo el que se tambalea y cae. El que esta lleno de dinamita en el fondo. No hace falta parar. Ahora queda un poema de Baudelaire inentendible y un cigarrillo partido por la mitad. En este día anhela un rincón en Manhattan, sin civilizaciones, sin manos, sin cuerpo, sin palabras. Un rincón donde las sombras bailen y paren el viento con teoremas imposibles.

Una ventana desde donde mirar el fin del mundo, trampas para equilibristas con mala suerte.

sábado, 5 de junio de 2010

Dejas un rock and roll y un encendedor que no funciona

Quiebro las pastas para echárselas al agua que termina de hervir. Mientras haya orégano, pimienta y un poco de sal, todo puede ir bien. Todavía quedan cigarrillos en el bolso, todavía queda la canción más larga sonando dentro de mi.

Prepara la salsa y los champiñones. Espera. Se levanta el vestido y se organiza las medias. Pasa lo malo, lo bueno, lo que sigue después. El próximo trago como diría Lowry con una mirada puesta en el incendio. Ya no hay ventanas con cortinas rojas para sacar la mano y despedirse de todo mientras ella misma termina desvaneciéndose. Adentro, donde están los cobardes, los más tristes, los más jodidos por la puta mierda que no consiguen sacar de si.

Fuma y piensa. Las dos cosas al tiempo. Lo imposible estallando aquí y allá. Y la habitación sola. De nuevo completamente sola. Con sonatas y bares rondado en su cabeza. y el rock and roll, y la cerveza que la emborracha con facilidad y el caos mas caótico de todos haciendo estragos en los pulmones. Y todo. Que se marcha. Y al final una maleta con el rostro de Bukowski en una de sus esquinas. El otoño. El invierno. Nirvana. red hot chili peppers.

El al otro lado de la calle diciendo que ya no quiere más.

Yo... de este lado, me miro las uñas sin saber muy bien en que pensar.