miércoles, 28 de abril de 2010

esa mañana casi fusionamos el frio de la habitación con viajes cosmicos

Se acerca a la ventana, no quiere escucharla cuando aun no se ha tomado el café de la mañana y habla de sillas eléctricas, de una tristeza que hace telarañas en el cuarto, de maletas y de perderse en cualquier hora.

Canta para si mismo Knocking On Heaven's Door. Le cambia la letra y el panorama a la canción, la desliza sobre el cigarrillo y hasta a ella la ve un poco perfecta con esa lluvia de nostalgias en los ojos y en las palabras.

No dice nada, pero le encanta viajar con ella. Le encanta llevarla en eso que llaman nave a cualquier lugar intergaláctico. Después de que le tiene el café caliente y le enciende el cigarrillo, todo en el cuarto suena mejor. Después de la ventana; solo tsunamis.

un paraguas de orgasmos para los días en que la cafetera se arruine y eche a perder las canciones que amortiguan el silencio de la carretera por la que se mueve esa nave.

miércoles, 21 de abril de 2010

Y si quisiera podría volar el mundo ahora mismo.


Para desayunar: una cama deshecha, su canción que todavía resuena en la humedad de la casa… pero nada de jugo ni cerveza. Solo queda una nevera aturdida, con historias de satélites y un viejo amor.
Se pone la chaqueta y se quita un poco la cara de lujuria que le quedó de la noche anterior.
Irá a la tienda y de paso comprará café para cuando él vuelva y quiera llenarse de esa oscura electricidad hipotética. Otra vez tiene un puerto desde donde girar el clima y hacer con los números y las manos una nave que puede ir donde quiera.


Deja caer sobre ese charco de silencio una docena de arrepentimientos y un pasaje sin regreso a cualquier rincón de Roma. Vamos chica, una calada más para el frio de la mañana.

miércoles, 7 de abril de 2010

El chico que solía tener pólvora en la memoria


Cuando tomaba vino barato comenzaba a hablar de gente extraña, de sonámbulos perdidos en un cuartotragedia. De gente que se muere de amor o que se muere por que si, eso nunca lo recordaba, pero recordaba los rostros, los gestos de las personas, las frases que dijeron y las que olvidaron decir. Todo sucedía en fotogramas e imágenes sin dirección alguna.
Creía saber física. Creía que preparaba el mejor desayuno del mundo, se creía el que más aguantaba con el vino ardiéndole dentro… todo eso para ocultar que el único personaje de sus historias no era mas que él, que esas personas en multicolor eran a fin de cuentas un hombre derrotado por tonos grises en un montículo a blanco y negro.

Él es quien conduce y termina llevándome a galaxias efímeras donde los besos saben a café y cigarrillo.