lunes, 13 de septiembre de 2010

la experiencia de la locura


Alguna vez estuvimos en Hong Kong, detrás de una puerta que consumía las dosis más repentinas de silencio y lujuria. Él siempre comenzaba pasando sus manos por mi espalda y luego me besaba el cuello. No necesitábamos hablar o mirarnos. Podíamos construir todo a partir de la oscuridad y del frio que inundaba el cuarto. Podíamos sobrevivir así, tan calientes que dinamitábamos el silencio. Aturdíamos el edificio y todo Hong Kong. Éramos como una proyección de imágenes en desorden que no comienzan ni terminan. Pasamos horas allí. Bebiendo como si no nos quedara nada más que hacer en la vida. Derramando humo y viéndonos reflejados en esa nube negra que se formaba a la altura de nosotros. Acompañados del sentido estático de Wong Kar-wai.
Construimos un pequeño mundo allí. Entre las cuatro paredes.
Cuando fue hora de abandonarlo todo, nos dijimos hasta luego y tomamos direcciones diferentes, sin remordimiento, sin recuerdos que llevar mas que un lapso de tiempo opacado por el invierno y unas cuantas marcas en la piel.

4 comentarios:

  1. Después de desprender ansiedades transpiradas por las lenguas de dos, es mejor dejarlas descansar y no decir hasta luego, porque la inercia les hará encontrarse otra vez. Deseo o inercia-inercia o deseo...
    Besos y gracias por pasar y dejar tan acertado comentario en "Amantes" ;)
    Lu: La Insoportable

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  2. nada, a fin de cuentas. o puede que el todo en la maleta. ¿cuánto marca haber sacudido todo un edificio?



    (una nariz
    con pecas)

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  3. Lo mejor del encuentro furtivo es la despedida definitiva. El incendio del amor por asalto, por olvido, por desencuentro. Tus textos tienen un poco de esas tierras lejanas que evocan, que no se ven, que se recorren el la piel de desconocidos, que ante todo son sospecha

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