miércoles, 7 de abril de 2010

El chico que solía tener pólvora en la memoria


Cuando tomaba vino barato comenzaba a hablar de gente extraña, de sonámbulos perdidos en un cuartotragedia. De gente que se muere de amor o que se muere por que si, eso nunca lo recordaba, pero recordaba los rostros, los gestos de las personas, las frases que dijeron y las que olvidaron decir. Todo sucedía en fotogramas e imágenes sin dirección alguna.
Creía saber física. Creía que preparaba el mejor desayuno del mundo, se creía el que más aguantaba con el vino ardiéndole dentro… todo eso para ocultar que el único personaje de sus historias no era mas que él, que esas personas en multicolor eran a fin de cuentas un hombre derrotado por tonos grises en un montículo a blanco y negro.

Él es quien conduce y termina llevándome a galaxias efímeras donde los besos saben a café y cigarrillo.

7 comentarios:

  1. BRAVO!, bien por ti, disfruta ese cafecito...

    =)...

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  2. Nunca terminarán de gustarme los gatos, pero la foto me encantó :)

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  3. genial, increible, como siempre. Saludos

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  4. El vino es mal compañero de fatigas... hace que tengas alucinaciones!

    Besicos

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  5. Buen viaje, entonces, por galaxias desconocidas.


    :D

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  6. Y sin embargo, hacía unos desayunos fantásticos.



    (sonrisayuncafé)

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