lunes, 28 de diciembre de 2009

¿Y después?



Como si todo fuera horrores, coge su maleta y empaca dos libros, uno para la espera y el otro como una serie de puertas que dan a la emergencia definitiva. Sale de casa sin despedirse, inexpresiva, con cataclismos múltiples entre las piernas. La casa, hecha fuego mientras los pasos se deshacen en el borde de las escaleras. Lleva las manos heladas. Aunque trató de encender papeles en el cuarto para conquistar el frio que se incrustaba sigilosamente bajo la cama no pudo encontrar el ángulo perfecto.
Su casa ahora es la que parece enredarse en humo, mientras ella desde la esquina marca un número que no recuerda muy bien. Son cosas que olvida, como la dificultad de imaginar dimensiones lejanas. Empieza a creer que el humo es el espectro y el pasado que le susurran a veces entre sueños teorías sobre el fin del mundo. Todo podría acabarse ahora mismo, ella sacaría el encendedor y un cigarrillo, y se cruzaría de brazos para ver llover sus cosas por la ventana.


Todo cenizas, como en los finales felices. Como en los cuentos que ella no puede terminar.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Su concina siempre huele a galletas y a vino.




En la entrada tiene dibujados dos triángulos y una circunferencia. Siempre le gustó la geometría, ese espacio de la matemática que guarda dimensiones y secretos que se quedan una copa más allá del infinito.
En la tarde sale al balcón, con un vaso de agua y un cigarrillo, porque el humo como ella, siempre choca contra el aire, nunca hay una pared que les detenga, un obstáculo que indique por donde seguir. Mira la calle con esa nostalgia de alguien que va siempre muy lejos, evitándolo todo.

Ese viaje en tren que nunca hizo, toda esa colección de fotografías revueltas en un torbellino de humedad y antídotos. Esa fiesta que no termina y un teléfono que no para de sonar.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Es necesario irse.














Que te ibas, que te terminaste yendo; te volvías invisible como las oscilaciones de un péndulo que se detiene. Y luego volvías. Abrías esos viejos agujeros que llenábamos con fotografías y colecciones de monedas y de juegos perdidos. Volvías pero no te quedabas, porque era tu esencia desaparecer como lo hacen en las novelas de detectives. Estaba en tu mapa ir y volver, pero nunca quedarse, porque quedarse es aburrido, dijiste una tarde en que perdíamos el tiempo rompiendo cigarrillos. Y ahora nadie sabe exactamente donde encontrarte, nadie sabe exactamente como eras, solo sabemos que llegaste de paso, como esas canciones que se ponen de moda y que luego todo el mundo olvida.

¿por qué regreso?, por el afán de volver a marcharme, es costumbre abandonarlo todo, prefiero ser la primera que se va, para no tener que recoger las sábanas.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Después de dormir en otra cama con otro desconocido mas, llega el sabor a tequila de hace un par de años.













Se mete en la cama de otro pensando que es un lugar que no puede bifurcarse, pero se bifurca. Cada noche se siente loca de amor por cualquiera y al día siguiente lo pasa con un cigarrillo y un café. Cada noche descubre un tipo diferente de cicatriz y una historia rara sobre el contorno de la piel.

Y si pudieras viajar ahora a cualquier sitio del mundo, a que lugar irías¿?

No se. Cualquier lugar que tenga el frio con sombrero ladeado.


Se mira en el espejo, detrás de todas esas manchas que han dejado estos últimos años, en ese abrir y cerrar de piernas, en esa lista de nombres que arde en un espacio reservado para los recuerdos, se ve, es como si en cada hombre buscara una migaja de locura gravitacional, una locura que no encuentra, o que si ha tenido razones de ella, son solo pistas como de un asesino que se sienta sobre el lugar del crimen a extrañar una vieja ciudad.

Es tan bonito sentir el viento que se cuela por la ventana, posarse sobre la espalda, dan ganas de invitarle a un cigarrillo.
Pero el viento no fuma.
No?, porque?

Porque la nicotina se roba el equilibrio y la orientación en cada calada.

viernes, 4 de diciembre de 2009

¿Follamos aquí y ahora?



Comenzó la tarde con limones sacudidos por exceso de ron. Tomo la siesta sobre una mesa de laboratorio que le dejo marcas en los brazos y sabor a toxico con mandarinas.
Nunca el edificio había estado tan solo como para escuchar el ruido que produce a veces la trasparencia de un psicrómetro. Piensa en que quizá pueda llamarla hoy y tomarse un café en ese parque compuesto de cicatrices con ajedrecistas que solo saben de fracasos. Si pudiera mirar a través del vestido como un telescopio encendido, la astronomía tendría una apariencia a lugar donde los besos se guardan en guillotinas.

Solo quiere meterse en su cama y bromear entre las cobijas, mientras las sombras de ambos se van a la azotea con la temperatura en los bolsillos y un par de cigarrillos entre las manos.