martes, 27 de octubre de 2009

Los tejados tocan blues después de las diez.


En particular sucedía en la calle 103, llegando al norte. A veces era tanto el ruido que escuchabas que la amnesia de la ciudad y del clima se te incrustaba bajo la falda. Pero tenias que continuar, con las maletas y esa vieja bicicleta que enloquecía con el frio.
El sonido por lo general llegaba de una azotea. Donde los insectos se ahogaban en la tinta de una sinfonía mal hecha y las aves se empeñaban en no hacer estación allí.
Algunos días terminaba sentada en un carro viejo fumando como quien proclama en el fondo un apocalipsis una y otra vez. Terminaba con el corazón agitado y los pulmones extendidos en respiraciones cortas.

Pero ese enjambre de notas dolía a veces, como si guardara secretos de un lugar sin paredes ni humedad en el techo.

miércoles, 21 de octubre de 2009

termina olvidando tambien la dirección de las palabras



Nunca supo como se llamaba, porque de los amantes solo debes saber la marca del pintalabios o la talla de sus interiores, el resto es nada. Le gustaba el azul, el cine francés y los dibujos de barcos con gatos cansados de ver estrellas. Hablaba de Emily Dickinson como un pariente lejano con el que solo funciona la telepatía y unas cuantas comas de cartas extensas.

Ayer en el correo encontró un sobre con pedazos de hojas en blanco, por alguna razón, le recordó a la chica de los barcos y el azul adrenalina, por alguna razón sintió ganas de saber su nombre y construir una imagen de ella, pero hasta eso era imposible.

Por que de los amantes solo debe recordar la sombra del cabello.

domingo, 18 de octubre de 2009

Puede ver a través del vestido.


Los lunes suele llevar en el bolso una manzana, a veces cuando el viento se cuela en sus huesos empaca también un buzo morado que siempre huele a frambuesa. Y así se va toda la tarde a cazar pedazos de horizonte, con un cuaderno y un lápiz rojo que a veces le funciona para recogerse el cabello.
Él siempre la vio salir, siempre la vio arreglarse el vestido para doblar la esquina con elegancia, pero guardo silencio, nunca dijo nada, por que es de esas personas que sostienen las palabras en una caja de hierro y empañan la ventana simplemente para escribir lo que deberían gritar a los cuatro vientos. Y después de escribirlo todo, detrás de la retina un fragmento puede mirar a través del vestido y esconder en las piernas el punto final de lo escrito.

Corre que el atardecer no espera, no mires a los lados porque hay detectives que dibujan los movimientos como una pista irreversible. Suenan rasguños en un trozo de vidrio que sabe más de amores que de ciudades donde el frio baila jazz descalzo.

domingo, 11 de octubre de 2009

Era una ciudad sin luces ni giroscopios.


Allí el invierno era ficticio; por esos días utilizaba guantes y un sombrero de lana que le cubría todo el cabello. Nada de maquillaje en esas horas, porque el invierno ficticio a veces juega a derrumbar el lápiz de los ojos.

En esa ciudad los signos de interrogación están saturados de carboncillo y ella pinta con el dedo, en las ventanas del autobús, un simbolismo de emergencia para los amores fugaces.

Y necesitas un puente que se balancee por siglos para que el invierno, en vez de expandirse en los pulmones y en las mejillas traiga sus maletas y se quede allí, entre puntos suspensivos. En un momento estocástico.

sábado, 3 de octubre de 2009

Podría quedarme mirando ese escote el resto de mi vida


Trajo esta mañana un caleidoscopio que atrapa canciones bonitas. Y esa última frase se la enseño un hombre que en vez de palabras, una proyección de ronroneos en el cuello.
Le señalo con el dedo apenas abrió la puerta. Y dijo una palabra inentendible porque llevaba un trozo de galleta en la boca. Besos de lata con melocotones que se pierden en el silencio de su escote.
Laberintos que hablan de desigualdades, una maquina de escribir. A veces llega sin avisar sus pasos. Sin mandar si quiera al correo una notita que hable de Irak, por que ella es así, inédita, parece dinamita guardada en el bolsillo de la camisa. A veces no sabe que le dice, pero cuando se le nubla la mirada es por que lo que dijo estaba bien.
El rosa amapola le queda de maravilla
Nunca mira hacia atrás, aunque cree que siempre le siguen. Con artefactos para decorar la cabeza.