lunes, 24 de agosto de 2009

perder el tren no es nada del otro mundo



La casa es amplia. Tiene un balcón en su cuarto. La cocina huele a mermelada de mora y en la sala solo hay una mesa de plástico, un teléfono roto y una silla descompuesta. Hay dos ventanas desnudas donde el sol entra sin avisar.

Hay otro cuarto, ella le llama el cuarto del pasado, porque allí recolecta cartas y fotografías de viejos amores, como una maquina del tiempo, es el único cuarto que tiene bajo llave. Va por el séptimo cigarrillo, luego ira en tren al otro lado de la ciudad para echar a volar las cenizas del mes pasado. Ojala el verano fuera una botella de vino que conservas en la nevera y solo sacas en una ocasión especial. En una que valga la pena.

Cruza los brazos sobre la baranda del balcón, y decide quedarse así el resto de la tarde, recordando a ese hombre que hablaba del tiempo como un bosque perdido en la palma de la mano.

A veces me dan ganas de recuperarlo todo, de volver a los viejos amantes, de volver a mirar al polvo a los ojos y caer en el vacio de espaldas y sin dolor. A veces, no se porque, me dan ganas de cancelarlo todo aquí y mirar por la ventana hasta que lo anterior regrese. Caminos separados… las palabras parecen hechas de plástico. I miss you… otra vez.

sábado, 22 de agosto de 2009

Como si nunca nos hubiéramos visto


Esta en el balcón. Con los pies amarrados al mundo y unos cuantos nudos en los tobillos. Tiene un cigarrillo en la mano y tiembla por el frio de la noche. Desnuda se ve más misteriosa, más bohemia, más canción de los miércoles a solas, se ve un poquito más de todo.

La invita a entrar a su cuarto, pero ella hace como que no le escucha, entonces él toma sus bragas, con dibujitos de Mickey Mouse en el borde y las arroja desde la ventana, ella las ve caer, en una parábola imperfecta. Echa la última calada y entra.

Ocurre que cuando me despierto, las canciones están apagadas, las palabras deshechas, los brazos cansados, me indica con la mirada que me marche cuanto antes, y yo se perfectamente que después de que atraviese la puerta…

Como si nunca nos hubiéramos visto, me dirá.

lunes, 17 de agosto de 2009

No, no pasó nada.


Se levanta con el cabello revuelto y los ojos desorbitados, lleva la falda por encima de la cintura. En el escritorio, media botella de vodka y una cajetilla sin cigarrillos. En el espejo, un poema mal editado y un lápiz labial apunto de arruinarlo todo.

-¿qué horas es?- pregunta desde una esquina de la cama, pasándose los dedos por el cabello.

- no ha pasado nada- responde él, con los ojos cerrados y una expresión apagada.

Alguna vez me contaron que el tiempo esta en otra parte, y solo ahora entiendo la magnitud de esas palabras. Si pudieras regresar habría muchos secretos guardados en la maleta que olvidaste, son mis ganas de llorar, pero no, esta vez no pasó nada.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Con un paraguas y una bicicleta iría hasta el fin del mundo.


Hunde sus brazos en las rodillas. La próxima oportunidad esta en esa rueda que gira y le tuerce el clima. Con un trozo de tiempo en el bolsillo echaría a correr.

El jazz hace que se mueva su cuello y los glóbulos rojos. Permanece en la estación. Con la maleta vacía y el tiquete expirado. Ahora mismo daría su vida por recorrer el borde los rieles en una bicicleta roja.

Y es que el rojo es un incendio apartado de un recuerdo circular. Te hablare de física cuántica después de follar un domingo entero.

lunes, 10 de agosto de 2009

Tiene cicatrices en las ventanas


Llegó a casa con un cesto de mandarinas. Silbando. Con la chaqueta amarrada a la cintura, los jeans rotos, la camiseta descompuesta y el labial apunto de caerse de sus labios.

No duda cuando se trata de escoger entre una caja de música y una botella de tequila, pareciera que llevara a México en la sangre y los desiertos en las pupilas. Cuando la miras a los ojos puedes ver que no pide deseos cuando ve las estrellas, sino que pide combustiones.

Ella no utiliza teléfonos, ni maquinas de juego, ella silba otra vez para invitarte a una copa, y cuando silba tres veces es que quiere dormir contigo en un hotel de carretera después de escuchar música clásica. El primer silbido es para ofrecerte mandarinas o naranjas.

Pero hoy no parece dispuesta a esperar. Lleva en las manos un paraguas. Se ve como uno de esos autos que cargan muebles y camas, cuadros, mesas, sillas, radios oxidados y muletas partidas… cuando te cambias de casa, auqnue en realidad solo lleva la cesta y el paraguas.

Descarga las mandarinas sobre la acera y sigue calle abajo. Como uno de esos tangos imposibles de pausar.

viernes, 7 de agosto de 2009

Quiere decir mucho y dice nada.


Se echó a llorar cuando le dijo que agosto era el mejor mes para dejar volar los recuerdos y las cometas. Sus ojos que parecen tragos infinitos de vino seco estallaron en una hecatombe inmediata.

La mira y no sabe como decirle que las líneas son a veces tan cortas que no alcanzan a limitar su locura, que los rompecabezas nunca se llenan con ecuaciones de romanticismo y peleas a largo plazo, que no hacen falta mas cigarrillos porque tiene todo el humo del mundo bajo su sombrero y que será suficiente para hacer toser a todos los gatos de la ciudad.

Se entregan libros, poemas, cartas, puntos suspensivos, espejos en los que ella se miraba después de follar los domingos.

Se entregan las mañanas en que él buscaba pedacitos de cabello rojo. Y siguen así, ya sin entregarse cosas, sino lanzándolas por el aire, cajetillas vacías, colillas que rescatan el cansancio de un viaje que no pudieron hacer.

No se como es el sabor de una montaña cuando estas de pie y miras al frente. Con una pita en las manos, queriendo que un trozo de papel se vaya pero al mismo tiempo con un deseo tan fuerte de que se quede suspendido, intacto en la esquina de tus dedos.

-Entonces… ¿vienes conmigo a elevar cometa?- le dice, mientras ella se seca las lagrimas que producen las carreteras polvorientas después de mirar detalladamente a lo lejos.

martes, 4 de agosto de 2009

Cree que el rojo es un color para jugar a las cartas


Te miran las manos, y entonces eres una mujer oblicua que olvida todo. Que confunde la mirada con una botella de vino abandonada en el desierto para que algún turista de paso y por suerte la encuentre entre sus descuidos planeados. Los silencios se caen por inercia, te dice él desde la otra línea. No recuerdas bien como tenia el cabello cuando dijo adiós desde el tren. Solo sabes que te llama cada diez días, como una cifra mágica, como si un gato especulara desde otra dimensión los ángulos que forman tus recuerdos y el paraguas cuando una tormenta se avecina.

Tengo que hablarte de esta noche, tengo que contarte mis sueños porque se repiten constantemente, quisiera darle la espalda a todo lo que vuela. Necesito arrojar copas de vino desde la ventana para escuchar las canciones que nunca se olvidan.

¿Sabes que las cometas solo forman ángulos agudos?, dice y se queda en silencio. No, no lo sabia, dice ella entre irónica y risueña. Lo acabo de inventar, porque la casualidad tiene la forma de líneas paralelas.

Se acaban las monedas y ambos cruzan sus miradas en la lejanía. Echan a la suerte el después, como ultima opción.