jueves, 30 de abril de 2009

sin estaciones


Corría, corría para no pensar en ella. Para no sentir esos temblores de consciencia que terminaban en una batalla con copas y cajas enteras de cerveza.

Era costurera y se llamaba Clemencia. Tenía el cabello castaño. Las uñas las llevaba siempre de negro y no usaba maquillaje, excepto labial vino tinto. Que preciosa sonaba esa palabra cuando le preguntó por primera vez el color de su pintalabios: v-i-n-o t-i-n-t-o, una mezcla de insomnio y debilidad en los huesos.

Y corriendo llegó a una calle en la que nunca había estado; quizá en algún otro tiempo había pasado por allí, estaba vendado y con el cuerpo en remojo. Era larga y estrecha, con puestos de comida rápida y letras fosforescentes, las personas ni le determinaban, parecía una calle de zombis, con la humedad corriéndoles por la cara y las miradas quemándose con el clima de estos últimos años.

Se detuvo un momento en una esquina, pensó en llamar a su mejor amigo y describirle la espeluznante calle donde estaba, tal vez podría pasar por él y tomar una copa. Pero no tenía monedas.

Dejo de pensar y sentir por un momento. Olvidó a Clemencia por una milésima de segundo, era como si le hubiesen golpeado tan fuerte que una amnesia recorría su sangre, se sentaba en las venas y finalmente volvía a la realidad con un impulso indescifrable y un dolor fuerte en la cabeza.

Tampoco había teléfonos públicos, era una calle abierta, con infinitas direcciones, pero sin salida aparente. Se siente enjaulado; perdido en Clemencia y en esta calle anónima con muertos que vendían hamburguesas. Pronunció su nombre en un susurro. Se llevó las manos a las piernas y frenó esas ideas absurdas que se escapaban de sus parpados. ¿Dónde estaba?. Que era lo que pasaba cuando todos se iban de la fiesta y el se miraba al espejo, borracho y sin ver mas que un rostro ausente de ojos y de boca? Que seguía en la escena? Por qué ahora, y precisamente aquí, se preguntaba estas cosas?

Respiró profundo y soltó sus piernas, se enderezó con fuerza y extrañó a la costurera con un desmesurado abatimiento. Era ella quien solía redactarle los sucesos de la noche. Era ella quien se sentaba a la maquina y planeaba el futuro en una ciudad ambulante.

Pero ella se marchó una noche, después de la fiesta, después de que todos dieran el ultimo brindis e inventaran la continuidad nocturna.

Cogería un taxi y escaparía en el centro sin pagar la carrera, o se quedaría perdido en esta calle que poco a poco le empezaba a zumbar entre las costillas.

lunes, 13 de abril de 2009

el cenicero es testigo


En los baños solían dejar colillas de cigarrillos y botellas con dosis moderadas de cerveza.

Él lo tomaba todo. Recogía los cigarrillos partidos en dos y los vasos desechables manchados con labial rojo, esos vasos que soportan el elixir de una vida desenfrenada.

Para él estas cosas eran solo retazos de felicidad y agonía, de amores incestuosos.

Luego de tomarlo todo, se miraba en el espejo, se sonreía, analizaba los dientes imperfectos y manchados, se fotografiaba con su consciencia el dolor y el abandono del pasado acumulado entre diente y diente.

El tiempo es indeterminado pero tranquilo, se decía mientras salía de wáter.

Inspeccionaba el lugar con aire de señordemeunamoneda. Miraba su reloj atrasado dos horas y se pasaba las manos por la cabeza, dando apariencia de un desesperado descubrimiento.

Al acercarse a la barra, mira de soslayo por encima de ambos hombros, para cuando el barman se le acerque note en su mirada la preocupación de un hombre gordo, desempleado y sin terceras oportunidades en el amor.

-ron bañado en coca-cola- decía.

No era el típico ronconcocacola.

Sabía perfectamente que en el mundo no habría suficiente líquido oscuro que bañara sus inquietudes y la pesadumbre de sus órganos.

Al momento de cerrar el bar, se levantaba de la silla decentemente, sin tambalearse, sin tirar el vaso, ni decirle al barman: ey tu hijo de la chingada, quiero pelear contigo esta noche.

El sujeto simplemente se levantaba, hacia una señal con los dedos, en ese lenguaje de toxicidad y amnesia pedía la cuenta y se iba del bar sin mostrar el fracaso de una noche sumamente alterada.

Así era siempre. Entre baños y barras. Entre el ron y la coca-cola. Subeteaquiydimealgo. Tomándolo todo. Absolutamente todo.

HI, HOW ARE YOU?










2:00 pm

Se me escurre el clima en el bolsillo.

Un sofoco me penetra y me desmorona las ganas de caminar por la ciudad combatiendo polvos y ruidos.

Te veo allí dormida, entre la gente que viene y va. Nadie se queda. No permanece bi siquiera la desgana de levantarse. Ojala también pudieras ir y venir. Pero tu solo puedes venir. Sabes por que, porque los que se quedan jamás verán el horizonte como un hilo de marioneta que se deja balancear por el viento del este.

Si te vieras abandonada sobre el polvo y el silencio de tu pobreza!

2:55 pm

El sol enciende los bordes de su recuerdo más próximo.

Tengo sed

Una mujer que toda la vida freno sobre el piso húmedo y resbalo cuantas veces quiso.

El día es un plástico sobre una vela encendida… se estira, se estira, se estira…. Pero no termina de consumirse. No volverán. Porque los que vuelven no son mas que sombras envueltas en pantallas de cines clandestinos. Los que vuelven jamás verán el horizonte como la pierna desnuda de una mujer que se sienta sobre el mundo, sobre los días, y ella también se estira, se estira…

4:44 pm

Van de afán.

Sus gestos suben y bajan, algunos hacen que bajan hasta la rotula y se pierdan en la tibia.

6:23 pm

Mira el lado oscuro de su psicópata entre las uñas.

Los buses van y se detienen, no tienen tiempo ni espacio para volver.

Los buses no regresan. Ella quisiera ser un bus que se pierde en el horizonte que solo los ausentes pueden ver como una línea de sangre que desemboca en la alcantarilla.

Mucha gente va y viene. Ven el cuerpo tendido en la calle. Se asombran por su posición fetal y su tamaño tan pequeñito.

Bien por ti que no tendrás tiempo ni espacio de regresar, porque esta es una hora cerrada, una hora donde los pájaros se pierden en el silencio de un parque y los alcohólicos le susurran a la botella las ganas de doblar las rodillas para siempre.

Mi cabeza esta en otro lado. Mi cabeza ve el horizonte como una llanta real incrustada en una frase de Daniel Johnston.