martes 10 de noviembre de 2009

ocurre en menos de un parpadeo.


Ese teléfono que no para de sonar y ella que se extingue en su propio cuarto.
Ahora esta en un país que tiene la geografía de un cubo de azúcar, con parques que paralizan palomas y hacen agonizar las maletas que llevan en el interior arañas y telepatía fluorescente.
La gente de allí guarda en los abrigos la proyección de sus huidas color ocre.
A través de ese vidrio roto le ve y le sonríe, indicándole con el color del cabello que todo anda bien.

Esos viajes que se consiguen con una copita que lo contiene todo y con una canción que anda de moda en cualquier lugar del mundo. El humo del cigarrillo es perpendicular a cualquier autobús que lleva los vidrios rotos.

3 comentarios:

Kiwi dijo...

La verdad?
Me dejas con los ojos como platos.
No tengo nada coherente que decir a tu texto salvo que me alucina cómo juntas las palabras que antes no tenían nada que ver para que de repente se unan y salga algo como ésto.

¿Las sobornas?
Yo lo intento, pero no aceptan galletas como cambio.

Impresionante.
Felicitaciones. Acabas de hacerme sentir una personita pequeña y aficcionada xD


Saludos de un kiwi con ojos redondos 0.0
( :D )

Dara Scully dijo...

Y sin embargo, el final de esos viajes termina por devolverte a donde estabas, y por las mañanas piensas en por qué no bebiste simplemente agua.


miau
con
manoplas

aroma dijo...

gracias por llevarnos contigo. ..;)

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