domingo, 18 de octubre de 2009

Puede ver a través del vestido.


Los lunes suele llevar en el bolso una manzana, a veces cuando el viento se cuela en sus huesos empaca también un buzo morado que siempre huele a frambuesa. Y así se va toda la tarde a cazar pedazos de horizonte, con un cuaderno y un lápiz rojo que a veces le funciona para recogerse el cabello.
Él siempre la vio salir, siempre la vio arreglarse el vestido para doblar la esquina con elegancia, pero guardo silencio, nunca dijo nada, por que es de esas personas que sostienen las palabras en una caja de hierro y empañan la ventana simplemente para escribir lo que deberían gritar a los cuatro vientos. Y después de escribirlo todo, detrás de la retina un fragmento puede mirar a través del vestido y esconder en las piernas el punto final de lo escrito.

Corre que el atardecer no espera, no mires a los lados porque hay detectives que dibujan los movimientos como una pista irreversible. Suenan rasguños en un trozo de vidrio que sabe más de amores que de ciudades donde el frio baila jazz descalzo.

3 comentarios:

  1. estoy en un país donde el jazz es el himno de los observadores de nubes. Pero hoy estoy fragil y admito que me sonrío con tonterías y más si esas tonterías son mías y son más irracionales que la música del cielo los lunes a las 5 de la tarde.

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  2. Yo me sé de una a la que también le sirve el lápiz para recogerse el pelo.


    miau
    con
    ojos
    de
    mapache

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