martes, 27 de octubre de 2009

Los tejados tocan blues después de las diez.


En particular sucedía en la calle 103, llegando al norte. A veces era tanto el ruido que escuchabas que la amnesia de la ciudad y del clima se te incrustaba bajo la falda. Pero tenias que continuar, con las maletas y esa vieja bicicleta que enloquecía con el frio.
El sonido por lo general llegaba de una azotea. Donde los insectos se ahogaban en la tinta de una sinfonía mal hecha y las aves se empeñaban en no hacer estación allí.
Algunos días terminaba sentada en un carro viejo fumando como quien proclama en el fondo un apocalipsis una y otra vez. Terminaba con el corazón agitado y los pulmones extendidos en respiraciones cortas.

Pero ese enjambre de notas dolía a veces, como si guardara secretos de un lugar sin paredes ni humedad en el techo.

5 comentarios:

  1. como me gustaría decirte de cerca que me gustas por como escribes.

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  2. Los tejados tocan blues despueés de las diez, Vaya títulos, llaman muchísimo.
    me gusta tu blog, Un beso (:

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  3. esencialmente poetico, en tanto es sugestivo, te felicito, muy bueno!

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  4. las bicicletas que enloquecen con el frío son mis favoritas.



    miau
    de
    pastel
    de
    mora

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