martes, 22 de septiembre de 2009

El norte se le pierde en los finales felices.




Busca en el suelo pedacitos de una fruta que no alcanza a distinguir. Ese extraño sujeto que mantenía las manos en los bolsillos para no dejarse llevar por el viento. Un desconocido que a primera impresión sabias que era ese libro abierto que no lograste llevarte de viaje.
La tarde se vuelve tímida con el paso del tiempo. Como si quisiera instalarse en sus huellas y hacer circunferencias con el olor a café que acostumbra difundir su cuarto. Siempre que entra pregunta por cubos de azúcar, porque sabe que le gusta más que nada en el mundo el dulce mezclado con un poco de vacuidad.
Se rinde y se apoya sobre la mesa. Hoy es uno de esos días que si comieras una fruta en este instante, no importaría el final.

Recoge el atardecer en una maleta que no contenga desiertos, porque si llegas a juntar el calor de la tarde y el sabor a frambuesa con una soledad subterránea de desierto podrías causar el fin del mundo y no habría nadie que recogiera los infinitos olores y los infinitos humos que hay bajo la casualidad de sus nervios.

4 comentarios:

  1. Sólo tres de azucar.. ni mas .. ni menos..

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  2. Yo vengo del SUR... de una Patagonia llena de finales tristes! Menos mal que hay muchas frutas deliciosas de esas que hacen que no te importe el fin.

    Muy lindo leerte, colega!

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  3. Las tardes tímidas son las favoritas de Anouk, porque sacan los colores de la gente y tras el objetivo se ven más bonitos.



    miau
    de
    bollo
    de
    crema

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  4. El fragmento en cursiva es sencillamente perfecto.
    Saludos subterráneos.

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