lunes, 10 de agosto de 2009

Tiene cicatrices en las ventanas


Llegó a casa con un cesto de mandarinas. Silbando. Con la chaqueta amarrada a la cintura, los jeans rotos, la camiseta descompuesta y el labial apunto de caerse de sus labios.

No duda cuando se trata de escoger entre una caja de música y una botella de tequila, pareciera que llevara a México en la sangre y los desiertos en las pupilas. Cuando la miras a los ojos puedes ver que no pide deseos cuando ve las estrellas, sino que pide combustiones.

Ella no utiliza teléfonos, ni maquinas de juego, ella silba otra vez para invitarte a una copa, y cuando silba tres veces es que quiere dormir contigo en un hotel de carretera después de escuchar música clásica. El primer silbido es para ofrecerte mandarinas o naranjas.

Pero hoy no parece dispuesta a esperar. Lleva en las manos un paraguas. Se ve como uno de esos autos que cargan muebles y camas, cuadros, mesas, sillas, radios oxidados y muletas partidas… cuando te cambias de casa, auqnue en realidad solo lleva la cesta y el paraguas.

Descarga las mandarinas sobre la acera y sigue calle abajo. Como uno de esos tangos imposibles de pausar.

1 comentario:

  1. Iba por la calle y todo en ella saltaba a los ojos. De verla se dan ganas de mandarina y una que otra sonrisa

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