sábado, 18 de julio de 2009

tres veces puta


Las moscas llegaban a la luz roja puntualmente. Listas para una cita secreta y archivada en los túneles verticales del cerebro de un espectador. Ella arrastraba el mundo con el sonido de sus tacones rojos. Se sentaba de lado. Y sonaba Emiliana Torrini también en una puntualidad extraordinaria. En una cercanía lejana. Miraba el bar como una ciudad con frio y sin nieve. Como una ciudad sin ubicación en los recuerdos de nadie. Luego pedía una copa de vino.

No hacia falta encender un cigarrillo porque la nicotina y los desplantes los tenía guardados en los dedos como un niño cuando guarda sus juguetes en una caja de cartón.

-Puta por ser mujer, puta por mirar el sur como un punto que estalla en el vacio. Puta porque la última vez que te invite a bailar me dijiste que la música te recordaba la guerra.-

El hombre siempre le decía aquellas palabras, sonando como bombas en una dimension incolora, como un ritual, como un pacto que tuviera con este abismo diagonal a las sombras. Y yo me quedaba mirando el hilo de humo que salía de la boca del cantinero. Sintiendo como una docena de explosiones que laten entre las vertebras y exprimen la respiración.

2 comentarios:

  1. que fascinación excesiva, por ese nombre, por sus letras, sus imagenes, permitame responderle adecuadamente, no?

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  2. visita de humo la mía...bonita sorpresa...y si me lo permite, sigo...

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