sábado, 4 de julio de 2009

stop please


Hablan y hablan, se repiten poemas, se repiten comentarios, se repiten historias con algun detalle de más. Extrañan a ese hombre que lo echaron de su propia fiesta. Extrañan esa ultima canción de tango que sonó hace rato porque era la canción favorita de ella.

Y siguen hablando aunque no tengan que decir nada. Siguen riéndose y abrazándose. Entre guiños y puntos a parte. Cuando definitivamente se acaban las palabras, cuando las botellas están todas apiladas sobre la mesa, él comienza a hablar de ella. Comienza a describirle sus curvas, su despertar que es como la fotografía de un desierto. Comienza a hablar de las horas con ella. De sus tragos al son de la nada, del azar que los toma de la mano y los lleva a un lugar donde las agujas caen paradas. Se repiten gestos, se repiten silencios y bandoneones lejanos.

Entre ambos se miran dos tristezas escondidas tras los parpados. Sujetan la botella fuertemente. Y esperan allí sentados, con el olvido retorciéndose en el cuello, esperan que el techo se caiga desde la comisura de sus labios.

Ella es un barco que no flota, un barco roto que se hunde en otro amante invisible. En otro cuerpo que inspira al silencio del vértigo cuando una gota cae. La humedad. El hombre que vivió en su propia sombra aterrado de escuchar tantas risas desde la ventana .un desconocido reposando en los ángulos de sus atardeceres.

Piden un cigarrillo y ya no tienen de que hablar.

1 comentario:

  1. Empiezo a sentir que un abismo nos acorrala con sus dientes sucios...

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