domingo, 12 de julio de 2009

Lanzarías una moneda y el aire te dejaría sin una batalla mas.



Los fósforos se mojan. No hay más cigarrillos en la chaqueta. Se deja caer interiormente y suena un estruendo que sabe a cacería de pájaros en mitad de la noche. Ya no hay lugares que la dejen escapar como antes. Recostada en el árbol piensa en cometas azules. En viajes a Japón. Una voz en su cabeza le habla de esferas que nunca lograron resbalar en la acidez de un licor con francotiradores en el borde del vaso. Vuelve a la chaqueta. Revisa por última vez. La lluvia comienza de nuevo a humedecer las sombras y las ideas que se le desparraman por el cuello. No pasan del esternón esos viejos comentarios sobre un libro pasado. Tampoco pasan los gritos que suenan a truenos lejanos. Lanzarías una moneda ahora y se volvería alfiler que suena contra los huesos con el viento del norte.

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