jueves, 9 de julio de 2009

Flota al nivel de una ciudad extraviada.


Amanece en el oeste de cualquier lugar. Recuerda las cosas por la posición del sol, por como se inclinan los lugares y los transeúntes cuando el sol forma ángulos oblicuos. Por eso no le gustan los días de lluvia, porque no recuerda nada. Las paredes están agrietadas por tanta soledad, por el olor a café recién hecho. Hay tanto polvo en este edificio que sus pensamientos terminan ensombrecidos y algo mohosos con las partículas de la mugre.

Su cabello parece una canción de sex pistols. Cada mañana quiere un alimento extravagante. Un algodón de azúcar, una paleta de chocolate, una taza de café con vainilla…los elefantes rosados no son tan maravillosos ahora, ni los globos de helio, en estos días solo piensa en desiertos y en vacas que atraviesan alfileres como conejos imaginarios.

Siente un piano sonando a su lado, pero sabe que es el efecto de un desierto que se le acumula en la nariz y en la boca.

2 comentarios:

  1. no le gustan los días de lluvia, porque no recuerda nada

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  2. Yo siempre que escucho una cancion de lobos sufro de un dejavuu medio complicado, ese retorno eterno de cosas que realmente nunca pasaron y la memoria se exita y extraña los globos de helio que no han sido entregados.

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