miércoles, 13 de mayo de 2009

Se mira las manos con un cansancio ajeno y descansa sus parpados sobre el tejado de una casa vieja. En sus rodillas suena una canción de cat power. Alguien en su pecho jugaba al golf y aceleraba el pulso con el paso del tiempo. Una próxima canción estallará en su cerebro como ese huracán de la ciudad perdida en el cuento que leyó una noche junto a la fogata, era invierno y se sentía sola, entre los juguetes casi reales de esa jovencita que ahora la deja esperando en las vías de un tren.

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